LA CIUDAD NO IMAGINADApero ciertaHoy iba a ir a la presentación de un libro -La ciudad imaginada de
Alberto Chimal- y al primer cocktel de fin de año al que nos invitan como empresa (una posada pues, pero con nombre rimbomante). Había hecho circo, maróma y teatro para poder llegar a ambos eventos a tiempo y no morir en el intento -considerando que en esta ciudad el tiempo es más importante que cualquier otra cosa y es también el obstáculo a vencer-.
Al final del día, un problema arrastrado de obra nos hizo dar vueltas por toda la ciudad, nos sacó canas verdes y me obligó a quedarme frente al ordenador esperando
alguna llamada de emergencia por ser atendida que nunca llegó.
Hoy iba a conocer a alguien que quiero conocer hace mucho tiempo pero no, no sucedió. Será otro día.
Y para aliviar las penas, como premio de consolación adelantado y
weirdo, ayer ví a
Alberto Estrella comiendo en la misma fondita donde por mera casualidad comí. Tosco y feo pero extrañamente atractivo. El malo de todas las novelas y películas. Pero lo raro no es eso sino que por anormal que suene siempre,
siempre había tenido curiosidad de conocerlo. Y ahí estaba comiendo un consomé de pollo, con el cabello largo hacía atrás y con la mirada penetrante que uno esperaría de cualquier villano que se digne de serlo. Fue una buena comida. Por eso y por los tres sopes de tinga, pollo y chicharrón prensado que me comí.
El otro día, hace como dos semanas, me encontré a
Lalo España en
La veracruzana, otra fondita pero ésta de mariscos. Pero a Lalo España siempre me lo encuentro en la Roma y a Alberto Estrella siempre, siempre, lo había querido conocer.
Erika, no eres (y mucho menos aspiras a serlo) ninguna estrella de televisión pero espero que también, un buen día, nos topemos en la Roma o en cualquier otro sitio de esta impredecible ciudad.
Hora de comerme unos tostitos y volver a ser feliz.