Salieron las nominaciones a los globos de oro y ni cuenta me di. Ando viendo varias cosas que podrán cambiar el rumbo de mi vida... o no.
Días de tranquilidad o lo que es lo mismo, pocas complicaciones. Vacaciones o algo parecido. El 2010 fue un año complicado, lleno de cosas positivas pero también de momentos difíciles, sobre todo en lo laboral.
Creo que la felicidad disminuye mi adicción al internet.
16.12.10
EPOCAS NAVIDEÑAS
hablando de
cotidianiedad
9.12.10
HARRY POTTER AND THE DEATHLY HALLOWS 1
‘I know the movies can’t be the books. All that I ask is that you be true to the characters.’*
J.K. Rowling, dirigiéndose al guionista Steve Kloves
He leído el libro unas cuatro veces. De todos, el sexto me parece literariamente el mejor logrado. Pero ésto es solo un resultado de apreciación personal, que al igual que la arquitectura y demás artes, esta condicionado a la opinión pública, y más aún, a la de la crítica especializada.
Así es que para mi, el sexto libro es el que me ha gustado en tinta y el que su adaptación más nos quedó debiendo.
Pese a lo anterior, que no es más que un juicio personal de apreciación, -y por cuestiones muy discutidas por los filósofos posmodernos-, tenemos una tendencia cultural arraigada por la búsqueda de conclusiones. Y he aquí el comienzo del fin: El séptimo libro resuelve todo, resume todo. Es un alarde de personajes y de conflictos que todos los seguidores agradecemos y ansiosamente esperábamos leer.
A nivel literario, J.K. Rowling va escalando los estratos en los que sus personajes se sumergen y logra que su literatura deje de ser infantil y se convierta en algo más universal. Los niños han crecido con ella. Hemos crecido.
Afortunadamente para todos los lectores acérrimos de esta obra, para esta adaptación, el guionista decidió que un solo filme no le haría justicia a la historia. A Warner desde luego no le disgustó la idea de alargar su mina de oro un año más y el resultado ha sido redituable por ambos lados: Con el estreno de la séptima película, Harry Potter se ha convertido en una de las saga con mayores ingresos en taquilla (compitiendo contra Star Wars) y ha satisfecho a la mayoría de los seguidores.

Habrá que ver la conclusión de la historia y comprobar -o no- que este a la altura de la magia que provocó su escritora. Por ahora, al ver el filme número siete podemos disfrutar, no sólo de las escenas más intensas entre sus tres protagonistas, Harry, Ron y Hermione; sino de un roadtrip que nos lleva, a disfrutar de algunos de los parajes más bellos de Gran Bretaña y a vivir varias secuencias de acción que se sucitan fuera de Howarts y abarcan distintos puntos de Londres y otras locaciones bien logradas (la casa de los Weasley o la casa de los Lovegood).
El principio, con los siete Harrys, logra un inicio intrépido, divertido y relajado que no durará mucho en pantalla pero si en nuestra memoria. Por fin conocemos a Bill Weasley (en un diálogo forzado) y Fleur vuelve tan femenina y etérea como la recordábamos.

Otro capítulo esperado era el que ocurre en el Ministerio de Magia, y es este lugar donde los actores que reemplazan a los protagonistas (¿alguien dijo poción multijugos?), dan el toque humorístico a la película sin perder el ritmo de la misma. Aunque específicamente Mafalda Hopkirk no luce como es descrita en el libro, se agradece que el cast haya obedecido, al menos en los rasgos físicos, a que los personajes que ocupan Hermione, Harry y Ron en esas escenas tuvieran ciertas similitudes con ellos, de modo que en el vertiginoso camino por entrar in disguise al centro gubernamental de magia, no nos perdiéramos esas características que reconocemos en ellos: La timidez disfrazada de seriedad de Harry, la poca elocuencia de Ron y el temor con cara de precaución de Hermione.
La animación lograda en la historia de los tres hermanos Peverell, al estilo del Quijote dibujado por Picasso, es memorable. Hay una intención estilísitica bien lograda y el público logra sentirse niño otra vez mientras escucha un cuento mágico.

Claro esta, se recortaron ciertas escenas y se agregaron pequeños detalles que enriquecieran la trama de modo visual (como siempre ocurre en el cine) pero al final el resultado es redondo. Se extraña la despedida de los Dursley y el luto momentáneo por la muerte de MadEye Moody (Ojo Loco) que se siente fugaz y poco sentida. Pero se agradece ver a Hedwig defendiendo a su dueño y mostrando lealtad hasta el fin; a Harry y Hermione bailando en medio de la desolación y por supuesto, ver como Dobby se convierte en un verdadero héroe mientras nuestros protagonistas sienten desfallecer en su infructuosa búsqueda.
Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint llevan trabajando juntos diez años y esa complicidad que Cuarón empezó a forjar en la tercer cinta (Harry Potter y el prisionero de Azkabán), hace que lleguen a su graduación con honores. Los tres conocen las debilidades de sus personajes y eso los hace histriónicamente más fuertes ahora que Rowling decide mostrarlas: Hermione pierde el control, Harry por primera vez, no tiene una guía que le diga que hacer y Ron se rebela ante ellos. Los tres han mejorado sus interpretaciones pero es Rupert Grint quien demuestra una vez más ser el que tiene mayor rango actoral.

Cuando uno ve la primer película, en la que Voldemort era un espíritu incorpóreo y posteriormente ve a Fiennes (en la quinta entrega) peleando casi a muerte contra Dumbledore comprende la abismal diferencia y no hay más que decir. La fuerza interpretativa de Ralph Fiennes cada vez cobra mayor sentido: El mejor actor inglés de su generación engendra al mejor villano de su época. Así de simple. En esta ocasión, basta verlo en un comedor dominando a sus seguidores con su voz -cual encantador de serpientes- y después verlo sobre la tumba de Dumbledore para comprender que el mal esta alcanzando su punto más álgido.

Helena Bonham Carter también ha demostrado haber sido una buena decisión de reparto. Tampoco cumple los rasgos físicos con los que Bellatrix es descrita en la historia pero aporta el carácter que solo una actriz de su categoría podía lograr: La mano derecha de Voldemort es una mujer desquiciada capaz de asesinar a cualquiera con tal de satisfacer a su amo.
Siempre me ha gustado que sea un ensamble casi en su totalidad inglés. Ambos bandos, la Órden del Fénix y los Mortífagos, son representados cada vez más naturalmente. Uno como espectador, no solo esta familiarizado con sus rostros, sino con sus gestos y sus reacciones, de tal modo que aunque en esta ocasión muchos tengan participaciones menores -como el mismo Alan Rickman, siempre impoluto en su interpretación de Snape- son mejor logradas y contribuyen a un mejor ritmo de la cinta.
Aquí el balance del filme se logra gracias a tan radicales contrapartes: El bien buscado sin descanso y el mal alzándose sin poder ser contenido. La eterna lucha. Lucha que provocará una segunda parte frontal y por ello cobrará muchas vidas.
Por ahora, Harry Potter y las reliquias de la muerte 1, logró hacer justicia a la primera parte del desenlace, gracias a un ensamble de actores que ha encontrado su labor en una historia que se torna compleja. Pero también gracias a un director y un guionista, quienes después de una sexta entrega muy criticada pero bien recibida, se han dado a la tarea de volver a ser fieles a la novela y al mismo tiempo, a los seguidores de la saga fílmica.
Si has llegado hasta aquí, debes saber que al igual que un guionista, siento que debo terminar pero que dejo tantas cosas fuera: Luna y Ollivander secuestrados, el excéntrico Xenophilius Lovegood, Bathilda y Godric's Hollow, el inicio del arrepentimiento de Draco, el temor de los Malfoy, el levantamiento de Neville, los hermanos Carrow. Pero bueno, esto es solo un post y no el libro. Al menos ten la certeza de que si leiste el libro, al igual que yo, sentirás que estas líneas no lo dicen todo...
* Sé que las películas no son los libros. Lo único que pido es que seas fiel a los personajes.
2.12.10
FELICIDAD, TRANQUILIDAD Y VAGANCIA
Pues no habré reseñado la última película de Harry Potter ni habré escrito gran cosa en los último días, pero una cosa si les diré:
Ayer mis estudios de maestrìa llegaron satisfactoriamente a su culminación con un examen de grado aprobatorio con el que finalmente obtengo mi título.
Estoy sumamente feliz. No solo porque estoy convencida del valor de mi investigación -volcado en mi tesis-, sino porque los trámites burocráticos que trataron de obstaculizar mi paso más de diez veces, fueron superados.
No puedo creerlo. Concluír los 4 semestres de la maestría en arquitectura de la UNAM me fue sencillo, titularme no pero lo he logrado. Una meta que tenia pendiente.
Ayer, después del evento, nos fuimos a comer un selecto grupo de personas muy cercanas a mi en el DF y de ahí a seguir la plática a mi casa.
En la noche, en un arranque de locura, Mr. I, de regalo de graduación -por asi decirlo-, nos invitó a Mulder y a mi a acompañarlo a la FIL (la Feria Internacional de Libro de Guadalajara) con gastos pagados. En 10 minutos hicimos maletas y hoy por la mañana llegamos aquí.
Valió la pena. La feria, además de tener una infrestructura impresionante, cuenta con la participación de renombrados escritores nacionales y en menor pero no menos significativa medida, internacionales.
Hoy por ejemplo, me topé en uno de los pasillos con uno de mis escritores favoritos, Álvaro Enrigue, cuyas novelas sigo desde La muerte de un instalador. Al pedirle una foto me dijo "¿Y porqué a mi?" mientras volteaba todos lados sintiéndose bicho raro, lo cual no pudo causarme otra cosa que risa. Le respondí que si no era el Ávaro Enrigue y soltó un prolongado "aaaah, si", como cayendo en cuenta que no era algo aleatorio el hecho de que lo eligiera para capturarlo con la lente de mi canon.
Acto seguido le pidió a su esposa que nos tomara la foto mientras le decía -refiriéndose a mi-: "ella es la que compró mi libro el año pasado". Valeria Luiselli (de la nueva ola de escritores, a quien no reconocí hasta que Mulder me lo aclaró), no entendió la broma y le dijo "aaah, el de vidas...". Supongo que se refería a Vidas Perpendiculares. Enrigue se rió y después de despedirme tomó otro sorbo a su café de maquinita quizá con el fin de que su look desvelado (y según Humphrey Bloggart crudo) se disimulara un poco.
Una conferencia cancelada y algunas editoriales después, decidimos que una cosa eran las carreras de resistencia y otra nuestra condición física real, por lo que nos retiramos al hotel donde nos quedamos profundamente dormidos.
Más noce el partido Santos-Monterrey, unas hamburguesas y héme aquí. Con nuevos bríos y la felicidad que solo me puede dar el haber presentado mi tesis y haber viajado intempestivamente hasta aquí, la perla de Occidente.
Hasta pronto.
Ayer mis estudios de maestrìa llegaron satisfactoriamente a su culminación con un examen de grado aprobatorio con el que finalmente obtengo mi título.
Estoy sumamente feliz. No solo porque estoy convencida del valor de mi investigación -volcado en mi tesis-, sino porque los trámites burocráticos que trataron de obstaculizar mi paso más de diez veces, fueron superados.
No puedo creerlo. Concluír los 4 semestres de la maestría en arquitectura de la UNAM me fue sencillo, titularme no pero lo he logrado. Una meta que tenia pendiente.
Ayer, después del evento, nos fuimos a comer un selecto grupo de personas muy cercanas a mi en el DF y de ahí a seguir la plática a mi casa.
En la noche, en un arranque de locura, Mr. I, de regalo de graduación -por asi decirlo-, nos invitó a Mulder y a mi a acompañarlo a la FIL (la Feria Internacional de Libro de Guadalajara) con gastos pagados. En 10 minutos hicimos maletas y hoy por la mañana llegamos aquí.
Valió la pena. La feria, además de tener una infrestructura impresionante, cuenta con la participación de renombrados escritores nacionales y en menor pero no menos significativa medida, internacionales.
Hoy por ejemplo, me topé en uno de los pasillos con uno de mis escritores favoritos, Álvaro Enrigue, cuyas novelas sigo desde La muerte de un instalador. Al pedirle una foto me dijo "¿Y porqué a mi?" mientras volteaba todos lados sintiéndose bicho raro, lo cual no pudo causarme otra cosa que risa. Le respondí que si no era el Ávaro Enrigue y soltó un prolongado "aaaah, si", como cayendo en cuenta que no era algo aleatorio el hecho de que lo eligiera para capturarlo con la lente de mi canon.
Acto seguido le pidió a su esposa que nos tomara la foto mientras le decía -refiriéndose a mi-: "ella es la que compró mi libro el año pasado". Valeria Luiselli (de la nueva ola de escritores, a quien no reconocí hasta que Mulder me lo aclaró), no entendió la broma y le dijo "aaah, el de vidas...". Supongo que se refería a Vidas Perpendiculares. Enrigue se rió y después de despedirme tomó otro sorbo a su café de maquinita quizá con el fin de que su look desvelado (y según Humphrey Bloggart crudo) se disimulara un poco.
Una conferencia cancelada y algunas editoriales después, decidimos que una cosa eran las carreras de resistencia y otra nuestra condición física real, por lo que nos retiramos al hotel donde nos quedamos profundamente dormidos.
Más noce el partido Santos-Monterrey, unas hamburguesas y héme aquí. Con nuevos bríos y la felicidad que solo me puede dar el haber presentado mi tesis y haber viajado intempestivamente hasta aquí, la perla de Occidente.
Hasta pronto.
hablando de
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