Sin embargo, esta realidad parece una utopía una vez que salimos de los confines de la expo: La UNESCO declaró en 2008 que México estaba en el penúltimo lugar en lectores, con solo el 2% de la población. Dudo que esa estadística haya variado mucho en tres años ya que en 2010 se reportó un descenso en la venta de libros en nuestro país.
El consejo para la comunicación, en su afán por mejorar esta situación, a lanzado desde hace varios meses, la campaña Diviértete leyendo, la cual promueve mediante comerciales y carteles lo genial que es leer. Lo curioso es que tal campaña esté encabezada por figuras del medio artístico -que van desde OV7 hasta Yordi Rosado y el Místico-, que no se destacan por su labor intelectual y a quienes, seamos honestos, no les compramos mucho la idea.
¿Funcionará en algo esta campaña en la que todos parecen tan divertidos y tienen cara-de-todo menos de estar leyendo algo?
Casi me convence, de no ser porque todos me parecen recién salidos -de los dos canales más populacheros de la televisión mexicana- y listos para poner (literalmente) su linda cara en un espectacular más que adorne nuestras calles.
Desde luego hay libros bueno y malos, pero la única forma de discernir entre ellos es teniendo la experiencia de abrirlos y leerlos. Leer es mágico, una experiencia nada comparable con ver una telenovela o un partido de fútbol (algo en los que sí debemos andar en los primeros lugares: ver televisión).
Mi opinión es que ninguna campaña superflua te puede sacar de ese 98% de abstemios a la lectura… Solo si tienes la iniciativa de romper el paradigma que empaña a nuestro país y empiezas a hojear un libro, quizá algún día, esos porcentajes se encuentren invertidos.








