La dirección de Gore Verbinski y el personaje que junto a Johnny Depp creó, Jack Sparrow fueron impecables. El director lograba refrescar las historias de piratas con un guión original, mucho humor proveído por su protagonista y una serie de eventos desafortunados que éste logra voltear a su favor. El resto del reparto era muy bueno y la química entre Orlando Bloom y Keira Knightley evidente.
El éxito fue tan grande que pronto se programaron la segunda y tercera partes. El truco fue, que ambos guiones eran en realidad una historia dividida en dos partes en donde todos los espectadores nos quedábamos esperando que pasaría al final. Aunque son sumamente entretenidas algunos pensaron que al final el enredo ya era demasiado y las tramas se habían estirado mucho en el afán de lograr una taquilla billonaria.
Comparto esa opinión, pero también reconozco que todas son sumamente entretenidas: Una trilogía que nos brindó un universo visual impresionante, primero, con los piratas no-muertos comandados por Geoffrey Rush, quienes a la luz de la luna mostraban su verdadera condición cadavérica; después, el Holandés Errante nos impactó con su tripulación: híbridos de hombres y fauna marina.
Ahora que la franquicia continua, aún sin Orlando y Keira, todos queríamos ver a donde nos llevaría Sparrow en busca de la fuente de la juventud.
El resultado, ahora de la mano de Rob Marshall, incluye a Penelope Cruz así como el regreso de Keith Richards -el padre de Sparrow en la historia- y Geoffrey Rush, quien ha logrado mantener un buen ritmo con Depp todo el tiempo.
El guión es un poco predecible, en particular al inicio pero aún así las sirenas refrescaron la historia y a final de cuentas la cinta cumple en la dosis de diversión y entretenimiento. Más gracias a los personajes ya probados -Jack y Barbossa siguen siendo la mejor pareja- que a los nuevas adiciones.
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Y ahí estaba yo, en una de las butacas del cine mientras pensaba que Penélope Cruz no es tan buena en la comedia como en los dramas cuando sentí unas gotas de algo en mi brazo. Algo así como la sensación de las primeras gotas de lluvia en la piel… Excepto que en la sala de cine normalmente no llueve.
La chica que estaba a mi lado también lo había sentido y ambas volteamos a vernos como preguntándonos que había ocurrido. Gire la cabeza hacia atrás y ahí estaba: Un niño parado en la fila de atrás, de unos cuatro años terminando de escupir mientras seguía viendo absorto la película. Me dio más risa que coraje. Su mamá lo sujetó de la cintura y le recitó un breve regaño (más en el estilo de las nuevas madres que no pueden pegarle a sus hijos que en el estilo que me tocó a mi).
Nunca nadie me había escupido. Supongo que siempre hay una primera vez, y de hoy en adelante siempre recordaré la cuarta parte de Piratas del Caribe como aquella en un niño me escupió desde la fila de atrás.








