25.5.11

DE PIRATAS Y ESCUPITAJOS

Hace casi diez años, Disney quería hacer filmes basados en algunas de las atracciones principales de sus parques temáticos, por lo que en 2003 estreno The haunted Mansion (con Eddie Murphy) y Pirates of the Caribbean. La primera fue en fracaso de taquilla pero la segunda se convirtió en una mina de oro...



La dirección de Gore Verbinski y el personaje que junto a Johnny Depp creó, Jack Sparrow fueron impecables. El director lograba refrescar las historias de piratas con un guión original, mucho humor proveído por su protagonista y una serie de eventos desafortunados que éste logra voltear a su favor. El resto del reparto era muy bueno y la química entre Orlando Bloom y Keira Knightley evidente.

El éxito fue tan grande que pronto se programaron la segunda y tercera partes. El truco fue, que ambos guiones eran en realidad una historia dividida en dos partes en donde todos los espectadores nos quedábamos esperando que pasaría al final. Aunque son sumamente entretenidas algunos pensaron que al final el enredo ya era demasiado y las tramas se habían estirado mucho en el afán de lograr una taquilla billonaria.

Comparto esa opinión, pero también reconozco que todas son sumamente entretenidas: Una trilogía que nos brindó un universo visual impresionante, primero, con los piratas no-muertos comandados por Geoffrey Rush, quienes a la luz de la luna mostraban su verdadera condición cadavérica; después, el Holandés Errante nos impactó con su tripulación: híbridos de hombres y fauna marina.






Ahora que la franquicia continua, aún sin Orlando y Keira, todos queríamos ver a donde nos llevaría Sparrow en busca de la fuente de la juventud.

El resultado, ahora de la mano de Rob Marshall, incluye a Penelope Cruz así como el regreso de Keith Richards -el padre de Sparrow en la historia- y Geoffrey Rush, quien ha logrado mantener un buen ritmo con Depp todo el tiempo.


El guión es un poco predecible, en particular al inicio pero aún así las sirenas refrescaron la historia y a final de cuentas la cinta cumple en la dosis de diversión y entretenimiento. Más gracias a los personajes ya probados -Jack y Barbossa siguen siendo la mejor pareja- que a los nuevas adiciones.

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Y ahí estaba yo, en una de las butacas del cine mientras pensaba que Penélope Cruz no es tan buena en la comedia como en los dramas cuando sentí unas gotas de algo en mi brazo. Algo así como la sensación de las primeras gotas de lluvia en la piel… Excepto que en la sala de cine normalmente no llueve.

La chica que estaba a mi lado también lo había sentido y ambas volteamos a vernos como preguntándonos que había ocurrido. Gire la cabeza hacia atrás y ahí estaba: Un niño parado en la fila de atrás, de unos cuatro años terminando de escupir mientras seguía viendo absorto la película. Me dio más risa que coraje. Su mamá lo sujetó de la cintura y le recitó un breve regaño (más en el estilo de las nuevas madres que no pueden pegarle a sus hijos que en el estilo que me tocó a mi).

Nunca nadie me había escupido. Supongo que siempre hay una primera vez, y de hoy en adelante siempre recordaré la cuarta parte de Piratas del Caribe como aquella en un niño me escupió desde la fila de atrás.

15.5.11

MUSEO SOUMAYA


A finales de Marzo de este año, el nuevo Museo Soumaya de Carlos Slim abrió sus puertas en la zona de Polanco, en la Ciudad de México. La sorprendente envolvente diseñada por el arquitecto mexicano Fernando Romero, cautivó a un público reticente, dudoso de que los nexos entre dueño-diseñador fueran más importantes que el mismo resultado. Otros críticos lo han declarado un potencial hito contemporáneo de la ciudad, dentro una metrópoli que destaca ampliamente por sus monumentos históricos más no por sus aportaciones posmodernas.


Hace unas semanas pude visitarlo y éstas son mis reflexiones:

El nuevo Museo Soumaya sorprende en su exterior pero decepciona en varios detalles de su interior. Fernando Romero logró una envolvente espectacular que llama la atención de cuanto transeúnte pasa por enfrente, pero la ingresar el espacio interior parece como si todo el impacto logrado por estética exterior desapareciera por completo. Algo que Frank Ghery superó en el Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles, conjugando una envolvente icónica con un teatro grandioso.

En el museo Soumaya, a pesar de haber sido inaugurado hace algunas semanas, se sigue trabajando en obras in situ (como el traslado de un mural de mosaicos de Diego Rivera al vestíbulo principal) y sus jardines tampoco han sido concluídos.  

La colección, esta encabezada algunas piezas son notables, como la ya muy reconocida colección de Rodin de Slim, parece lucir menos que en su anterior sede -Plaza Loreto-. Aunque se encuentra en la cumbre del museo, parece diluirse rodeada de un aura más blanca que el propio mármol con que algunas fueron realizadas y colocadas en bases que desmerecen la altura de su ejecución. Aún así el público las busca y reconoce pero el disfrute esta lejos de compararse con el Pabellón Richelieu, la sala del Louvre de esculturas francesas.



Las circulaciones internas y periféricas, incluyendo las rampas que supuestamente emulan al Wright del Guggenheim de NY, son confusas y arquitectónicamente poco atractivas. En lo que se refiere a la funcionalidad del edificio, solo hay un elevador funcionando y éste tiene los números de los pisos desfasados del plan arquitectónico. Es decir, si uno quiere ir al piso 2 tiene que poner 3 y así sucesivamente, lo cual causa confusión en los visitantes.

Para concluir, la museografía es deficiente y en ocasiones nula. Sorprende que las técnicas expositivas sean de menor calibre que las de su anterior sede, y se encuentren muy por debajo de otros museos mexicanos menores como la Casa de Allende -en San Miguel de Allende, Guanajuato- o el Museo Regional de Querétaro, los cuales no solo se dedican a preservar ciertos aspectos artísticos y culturales sino a despertar el interés del público hacia ellos. Ésto me parece una deficiencia no solo del diseñador sino de los curadores a cargo del museo y de la directiva del mismo, quienes parecen haber elegido abrir un espacio inconcluso en la fecha establecida en lugar de concluirlo al cien por ciento fuera de tiempo. 

Artísticamente puede mejorar muchísimo si la curaduría se afina y el diseño de interiores aparece. Arquitectónicamente, recuerda a un huevo Fabergé: Precioso en su exterior pero vacío en su interior. 

1.5.11

KILL BILL VS. SUCKER PUNCH


Ambas poseen la fuerza visual de dos poderosos directores de la escena contemporánea. Y como es característico en ambos, los soundtracks son genuinamente memorables.

Más allá de eso no hay mucho que decir: Zack Snyder logró hacer una épica película de hombres de acción con 300, cuyo estilo ha dado paso a una serie de símiles tanto en cine como en televisión, entre los cuales destaca -otra del mismo director- Watchmen. Ambas con una estética particular y guiones basados en excelentes novelas gráficas (la primera de Frank Miller y la segunda de Alan Moore).

Sin embargo, en cuanto a mujeres batiéndose en duelos legendarios, solo Quentin Tarantino logró formar un verdadero escuadrón de la muerte -The Deadly Viper Squad- en Kill Bill: encabezado por Uma Truman y seguido de una sádica Darryl Hannah, una despiadada Lucy Liu y la letal Vivica Fox. También estan David Carradine (Bill) y Michael Madsen, cuyos personajes completan el grupo de asesinos que encabeza el primero; pero es sin duda un filme dedicado al poder femenino subyacente bajo una sola meta: La venganza. Lejos de la misoginia o el feminismo barato, Tarantino, -quien retoma numerosos elementos del cine oriental-, nos narra una historia brutal en que solo el incansable empuje de la heroína logra llevarnos hasta el ansiado final con éxito.

Sucker Punch, por su parte, se pierde en la alegoría visual de los submundos creados por una heroína cuyo mayor valor radica en hipnotizar a sus clientes con un baile que jamás vemos. Desde mi punto de vista, Snyder es un director con gran potencial y un estilo personal, pero un guionista débil. Mientras que Tarantino parece tener bien dominadas ambas áreas.