Terrence Malick es probablemente el director más introspectivo de su generación. Su corta pero notable filmografía aborda con notoria profundidad los dilemas de la condición humana y su propósito en la vida.
Así como en La delgada línea roja y El nuevo mundo, en su más reciente filme, El árbol de la vida, con su ya conocido estilo existencialista, desenvuelve a sus personajes a través de sus pensamientos y sus reflexiones más allá de los pocos diálogos que mantienen entre ellos.
Protagonizada por Brad Pitt y con una pequeña pero significativa participación de Sean Penn, es un excelente ejemplo de la constante búsqueda de su director por tratar de entender los orígenes de la vida así como el a veces impredecible comportamiento humano.
De ritmo lento, a veces rebuscado, acompañado del Réquiem de Mozart y con una impactante fotografía de Emmanuel Lubezki, El árbol de la vida (the Tree of life) es una película para aquellos que gozan del cine como una expresión artística antes que comercial.
La historia, situada principalmente en los Estados Unidos de los cincuenta, me conmovió en numerosas ocasiones y una vez diseccionada, me deprimió un poco. Creo que algo así es lo que Malick desea provocar con sus filmes: Cuestionarnos cual es el origen de nuestros actos así como sus consecuencias. En esta ocasión, lo logra a través de un mosaico de emociones e intensidades llenos de color, formas e ideas.
No será para todos gustos, pero aquellos que se atrevan a verla con la mente abierta y los sentidos despiertos, no se arrepentirán.
English version
English version











