... o la parte de la saga Crepúsculo que también se pudo haber llamado #sufrocomoBella
Todos los sabemos. Stephenie Meyer encuentra un placer enorme en hacer sufrir a su protagonista todo el tiempo. Hay algo masoquista en torno a la saga que ya nos es familiar.
Bella Swan es abnegada desde el primer momento en que la conocemos cuando deja Phoenix y decide irse a vivir con su padre a un pueblo frío y pequeño en lugar de irse con su mamá y su nuevo esposo a las cálidas playas de Miami.
Justo cuando descubre que estar en Forks no es tan malo, Bella decide seguir sufriendo al enamorarse de quien parece rechazarla en un principio: Edward Cullen. Después, se aferra a estar con él a pesar de que todo le indica lo contrario. Y ésto incluye el impulso asesino que rige a los vampiros sobre los humanos. Los libros siguen y Bella se encuentra siempre atrapada en el triángulo amoroso que junto a ella y Edward, completa Jacob, o el ahora famosísimo Taylor Lautner. No veo nada malo en que no pueda decidirse entre uno y otro. El problema es tener que sufrir tanto en el intento.
Pero Stephenie Meyer es así, con imaginación pero limitada como escritora y abnegada como ella sola. No veo porqué haya que culpar a la religión de ello ¿o sí?
El asunto es que, con todo y que Bella y Edward terminan casándose, el "felices para siempre" esta lejos de llegar. Supongo que practicamente ya todos saben que pasa después: Desde Bella llegando con cara compungida a su propia boda, pasando por una luna de miel llena de golpes y un embarazo no deseado (al menos por el futuro padre) que hará sufrir a nuestra protagonista más que nunca. Si, leyo usted bien: Más que nunca.
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Siempre he creído que la debilidad de los libros recae, además de en el poco talento literario de Meyer, en mostrar a su protagonista como una mujer tan insegura -y quien después de tres libros no logra evolucionar- y con tan baja autoestima.
Es como si todo lo que escribió Jane Austen en el siglo XVIII lo hubieramos tirado a la basura... Aquí caben unas pequeñas fanfarrias para J.K. Rowling, quien escribiera a Hermione Granger como una de las heroínas contemporáneas más ejemplares de la lectura juvenil de los últimos tiempos: Inteligente, con carácter, estudiosa, perseverante, con alto sentido común y encima de todo, Emma Watson tenía que enfundarse en sus zapatos para demostrarnos que nuestra pequeña se convertiría también en una belleza. Pero aquí la belleza física es una consecuencia, no la fuerza que da al personaje toda su complejidad.
Los defensores de Crepúsculo pueden alegar que cada quien tiene derecho a escribir a los personajes bidimensionales que quiera y a hacerlos como quiera. Y en ello, les concedo razón.
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Volvamos a la crítica de la película. Así como hay debilidades en la literatura Crepuscular, hay también méritos bien explotados en la saga fílmica: Stephenie se atrevió a tomar la mitología vampírica y reinventarla creando un mundo alterno al que conociamos que incluye vampiros vegetarianos y lobos de tribus legendarias marcando territorio. Probablemente a Ane Rice esto no le haya causado gracia pero hablando de vampiros ¿acaso alguien tiene la razón?
Hay algo empático en los personajes. Al inicio de la saga, Bella y Jacob estan creciendo y viven la inseguridad y los cambios inherentes a la adolescencia. En contraparte, Edward, es en realidad un hombre que ha vivido más de cien años y cuyas costumbres de principios de siglo XX lo hacen un aparente adolescente seguro de sí mismo, caballeroso y amante de la música clásica.
Es lo que leyó entre líneas, lo que llevó a
Catherine Hardwicke (A los 13, Crepúsculo) a trasladar la visión juvenil de la escritora a la pantalla grande con gran éxito. Gracias también a la indudable química del elenco (y no hablo solo de los protagonistas, sino del excelente trabajo que realizaron algunos actores de reparto como
Billy Burke, quien hace del papá de Bella), el inmejorable soundtrack que acompañó la primer entrega de Twilight, la fotografía boscosa fría y dulce, y la introducción al bello mundo de los Cullen.
Con el cambio de directores, creo que se perdió un poco de eso. Luna Nueva nos mostró el poder y transformación de los hombres lobo, también conocimos a los Volturi pero en Eclipse y ahora en la primera parte de Amanecer las cosas parecen irse deslavando. Ya conocemos bien a los personajes y no hay un verdadero desarrollo en ellos. Las escenas de la boda y la luna de miel se sintieron alargadas y el sufrimiento de Bella interminable. Casi no vimos nada de los pintorescos amigos de la escuela -
Anna Kendrick es fabulosa- y las primas de los Cullen se sienten como un relleno y no logran intrigarnos lo suficiente. El diseño de arte y la fotografiía siguen cumpliendo, pero como ya mencioné, ya nada es nuevo y nada nos sorprende. Los paisajes Brasileños estuvieron tan cuidados que se sacrificó la grandilocuencia del lugar.
Sin afán de sonar cruel o querer destrozar el trabajo detrás de cámaras, me parece el guión más débil de todos y el más lento. Quizá el más matizado sea Taylor Launter quien, se lleva la película con la sola escena quasi-final de la impronta. Por su parte, Kristen Stewart ya parece disco rayado (y encima consumida, la pobre) y Robert Pattison ya debe ir viendo nuevos horizontes. Esperamos mucha acción y locura en la segunda parte. Algo que nos haga brincar de nuestros asientos.
Me gustó el final eso sí... El de antes y después de los créditos. Y la excelente canción de Bruno Mars.